Hay muchos recuerdos escondidos, cada vez hay más tinta gastada, más sueños reducidos a palabras. Estos recuerdos se mezclan dentro de hojas y allí esperan a pasar su eternidad. Bienvenidos a la mía. - Meg Sternworth.
Mostrando entradas con la etiqueta Erin Morgenstern.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Erin Morgenstern.. Mostrar todas las entradas

martes, 8 de septiembre de 2015

# 80.

—Las historias han cambiado, mi querido muchacho —dice el hombre del traje gris, con un tono de voz imperceptiblemente triste—. Ya no hay batallas que enfrenten al bien y al mal, ni monstruos a los que matar, ni doncellas a las que rescatar. Por lo que yo sé, la mayoría de las doncellas son perfectamente capaces de rescatarse a sí mismas o, por lo menos, lo son las que valen algo. Ya no existen los cuentos sencillos acerca de búsquedas y bestias, los cuentos con final feliz. Las búsquedas ya no terminan en un objetivo claro, ni tampoco el camino a seguir lo tiene. Las bestias adoptan distintas formas y ya no es fácil reconocerlas como tales. Y, en realidad, los finales no existen, ni felices ni de cualquier otra clase. Las cosas se prolongan, se superponen y se vuelven borrosas: tu historia es parte de la historia de tu hermana, que es parte de otras muchas historias, y no hay forma de saber adónde nos conduce ninguna de ellas. El bien y el mal son ahora bastante más complicados: ya no es cuestión de una princesa y un dragón, o de un lobo y una niña vestida de rojo. Y… ¿acaso no es el dragón el protagonista de su propia historia? ¿Acaso no se comporta el lobo como se le presupone? Aunque tal vez sólo haya un lobo que llegue al extremo de disfrazarse de abuelita para jugar con su presa. 

-El circo de la noche. Erin Morgenstern.-